Me rompí para caminar en libertad (epitafio para el 2014)

…y me rompí en mil pedazos.

Y mientras caía respiraba aliviada. Suspiraba por que el momento había llegado. Me liberaba de toda la carga que tanto pesaba y empezaba a sentirme libre para llorar, reír, correr o huir sin tener que explicar nada, sin tener que avisar por temor, sin tener que justificar cada paso.

Me rompí para caminar en libertad (epitafio para el 2014)

¿Qué puedo escribir en éste último post que tanto necesito publicar pero que he de cuidar en forma y contenido por ser mi estilo un tanto controvertido?

¿Qué puedo escribir que a todo el mundo agrade y nadie agravie?

¿Qué queréis escuchar? ¿Qué os puede interesar?

¿Queréis que hablemos de las empresas y su decadente estilo de organización en el cual y amparándose en esa “palabra” maldita que no pienso repetir han llegado a degradar tanto el mercado laboral que estamos repitiéndonos constantemente eso de “soy afortunado por tener un trabajo” cuando un trabajo es un derecho y no un privilegio?

Esas empresas que ahogan a sus colaboradores consumiéndoles hasta ese punto de no retorno al cual llega una persona que pierde toda confianza deben quedar en el 2014 y con él sus prácticas de un pasado que no encaja ya en éste nuevo modelo de futuro emergente y en el cual el talento “se os va” por no saber gestionarlo.

O quizás ¿queréis que hablemos de cómo se censura la verdad por sentirla como una amenaza ante la gran mentira que hemos creado a nuestro alrededor para expiar nuestras culpas? Somos una sociedad consumista, derrochadora y que vive intentando siempre aparentar y por eso cuando cargamos nuestros carros con regalos en éstas fechas gastándonos en ocasiones lo que no tenemos no sentimos remordimiento de conciencia porque fuimos solidarios cuando nos lo pidieron, esa única vez, y por lo tanto nos hemos ganado el derecho de no explicar a nuestros hijos que una sociedad consumista en la que hacemos imprescindible lo materialmente prescindible es una sociedad abocada al fracaso, es una vida esclavizada, es una vida de mentira que nos quieren hacer creer como válida pero en la cual, todos los que nos hemos roto, hemos decidido luchar y reivindicar en cada ocasión que se nos presente que podemos vivir en una sociedad mucho más justa para todos donde las desigualdades desaparezcan definitivamente.

También podemos hablar de mí pero ¿qué os puedo contar que pueda interesaros? No soy más que una aprendiz de todo, ya lo sabéis, ya os lo he dicho en más de una ocasión, que escribe como quien habla en voz alta y con el único recurso de su corazón como herramienta que facilita el dictado de éstas letras pero la realidad es que es el único tema del que puedo hablar por ser el único que domino.

¿Hablamos de mi desarrollo personal? ¿De mi corazón? ¿De mis sentimientos?

No voy a hacer un balance del año 2014. Sólo diré que  los últimos 18 meses, en el plano personal-familiar, han sido de esos que te gustaría borrar de un plumazo por todo lo que he llorado y todas las veces que mi corazoncito, encogido, ha tenido que, valientemente, sonreír y tirar hacia delante.

Estas situaciones te hacen pensar, meditar y valorar lo que tienes y como lo obtienes, lo mantienes y sobre todo si es lo que quieres de aquí en adelante. Estas situaciones tan dolorosas que TU no eres capaz de controlar, que TU no eres capaz de eliminar para que dejen de hacer daño son esos puntos de inflexión que te hacen dar un giro de 360º para volver a replantearte y poner patas arriba tu maravillosa y acomodada vida.

TÚ que siempre tuviste tu vida contralada te das cuenta que quieres y no puedes. Qué haces y deshacen. Que no mandas, que no pintas, que no importas.

TÚ que siempre fuiste dueña de tu vida te acabas de dar cuenta que perdiste las riendas hace mucho tiempo.

¿Qué pasa entonces? Se produce un cataclismo en tu interior que te hace saltar en mil pedazos y todos los que te rodean se asombran – no puede ser,  Paloma es la persona más fuerte que he conocido nunca – se dicen y tú, que estás destrozada, todavía intentas disimularlo, si puedes.

Y se acaba el 2014 amigos. Disimulando con unos y rota con otros pero con una maravillosa sensación de paz interior porque hace días decidí ser valiente y arriesgarme a ser como soy y decir la VERDAD allá donde esté y es que no puede haber nada peor que el dolor que ya he padecido y quizás no encuentre el camino deseado pero al menos habré intentado conseguirlo tal y como predico, sirviendo de ejemplo, respetuosa, integra y honesta conmigo y con los demás.

Si esto no sale bien estoy segura que el 2015 llegará a mi vida como un soplo de aire fresco y cargadito de nuevas oportunidades porque gracias a vosotros, a todos los que me leéis, a todos los que estáis detrás de cada muro, de cada post de cada interacción hay una gran persona que me aporta y suma a mi vida ese desarrollo personal que necesito para conseguir mi objetivo, ese objetivo que no es otro que el ser mejor persona y rodearme de buena gente.

Mi deseo para el año nuevo es que nada nos haga perder la sonrisa.

“Márcame como SPAM”

Hay quienes ven en mis palabras un mensaje.
Hay quienes ven en mis mensajes una intención.
Hay quienes ven en mi intención una estrategia.
Y hay quienes dicen que la estrategia soy yo.

Poco me conocéis los que tan ligeramente os atrevéis a juzgarme y pocas serán las inquietudes que palpitan en vuestro corazón y es que no hay nada más fácil y cómodo que mirar la paja en el ojo ajeno y no respetar o tolerar la opinión o los actos de los que queremos diferenciarnos del resto con la única opción que vemos posible, la única posición que nos hace sentirnos realmente cómodos, la única forma de expresión que encontramos compatible y combatible contra ésta sociedad que nos oprime cada día más y nos amordaza para que no hablemos libremente y con la verdad como único referente.

Valiente me dicen unos y loca la mayoría por defender que el ser humano es bondadoso, solidario, caritativo y bueno por nacimiento pero es que así somos querid@s sólo que nos dejamos envolver por una parte de esta sociedad que también existe, en una pequeña minoría diría yo, y que sabe hacer mucho y más ruido que yo o los que intentan alzar la voz también.

Cierto es que yo no tengo el altavoz de los “grandes” financieros de este país porque ellos pueden decir que debido a los sueldos precarios las familias se sienten cada día más ahogadas o rozando, en muchísimas ocasiones el umbral de la pobreza pero, y aquí llega lo que quiero destacar, si lo digo yo, tal y como estoy haciendo en un post que públicamente muestro al mundo, soy una disruptiva quejicosa que debe de tener problemas en su empresa y se desahoga locamente escribiendo en un ordenador tonterías que pocos leerán.

Cierto es que yo no tengo el altavoz de los “grandes” gurús de los recursos humanos quienes pueden decir y dicen que el cambio ha llegado y que nuestras empresas tienen que apostar fuerte y decir adiós a esos jefes calienta sillas y tienen que empezar a ser gestionadas por líderes pero si lo digo yo, ganándome otro puntito negativo, se entenderá que tengo un problema con mi jefe, que no lo creo líder y que lo considero una persona “no apta”

Y cierto es también que no tengo el altavoz de los “grandes” coach quienes nos ayudan a desarrollarnos profesional o personalmente de una manera especialmente eficaz y quienes insisten en decir que todos necesitamos someternos en algún momento de nuestra vida a un proceso de coaching, personalmente si no somos capaces de poner un foco en nuestra vida, o profesionalmente para ayudarnos a integrarnos, desgranarnos, potenciarnos, etc., o lo que viene a ser lo mismo, ser un mejor profesional pero…si esto lo digo yo puede interpretarse o que tengo algún problema personal, cosa que no gusta a priori en ningún entorno, o que me vuelvo a quejar de que en mi entorno laboral se necesitan mejoras que han de ser realizadas por consultorías externas o por equipos de coach especializados lo que dará nuevamente lugar a otra errónea interpretación.

¿Qué quiero decir con todo esto?

La respuesta es tan sencilla como yo misma y es que no hablo de nadie en particular y de todo en especial ya que estamos sumidos en unos momentos de crisis de valores en los que todo vale, todo está permitido y todo se consiente conscientemente por parte de todos por temor a perder un trabajo, una casa o un estatus económico y de lo que no nos damos cuenta es de la de personas que ya lo perdieron todo por tanto permitir y por tan poco como luchamos.

Desahucios, niños que no comen una vez al día, familias enteras sin recibir ningún tipo de prestación por parte del estado y ¿qué hacemos los que todavía tenemos “algo”? Miramos a otro lado esperando que a nosotros no nos pase o pensando que a nosotros no nos pasará porque nosotros “somos mejores” o “tenemos una mayor cualificación” o “hicimos mejor las cuentas” o miles de “oes” que no son más que excusas para no ver lo que está pasando y es que tener un trabajo y un techo señores no es un privilegio sino un derecho pero lo hemos olvidado, hemos olvidado que tenemos derechos y nos conformamos con que no nos quiten más ¿verdad?

Pues yo digo que no podemos quedarnos callados y consciente, muy, muy consciente de que cada vez que hablo puedo suscitar reacciones contrarias a mi posición y sin tener ese maravilloso altavoz por no ser nadie digo que no nos pueden amordazar y que sin ánimo de buscar enemigos invito a la reflexión particular de cada uno de vosotros y a que os digáis a vosotros mismos si no merece la pena alzar la voz, tu voz, que unida a otras muchas harán muchas voces que hablarán para intentar concienciar a más y más gente y retomar así ese camino perdido de bondad, caridad y solidaridad entre nosotros.

Esto no es un manifiesto invitando a la guerra, todo lo contrario, es un comunicado intentando que, con nuestros actos, podamos encontrar la paz en nuestros corazones, los que la busquen claro o la necesiten.

Para el resto “Márcame como SPAM”

Me gusta cerrar los ojos…

Me gusta cerrar los ojos y escuchar…

¿Crees que puedes escuchar mientras lo único que te rodea es silencio? ¿Puedes ver más allá de ti mismo? ¿Puedes construir un mundo desde ese momento?  Yo necesito el silencio.

No es la primera vez que os lo cuento y es que me parece tan necesario que de vez en cuando se haga la noche en mi cerebro, sin dormirme, y se haga el silencio a mi alrededor…

Necesito mis momentos de búsqueda personal para reorganizar esas ideas que de vez en cuando revolotean como mariposillas aquí y allá y sin posarse en flor alguna.

Necesito parar y mirar al frente recordando lo que dejo detrás. Mis actos, mis pensamientos pasados, mi gente, mí alrededor.

Necesito un fluir, una corriente a la que sumarme para seguir adelante y eso sólo lo consigo cuando llamo a la puerta de la soledad, el silencio y la oscuridad.

Llevo meses pensando en mí, en mi vida, en lo que he hecho hasta ahora y en lo que me queda por hacer y sin dudarlo ni un instante y todo el que me conoce lo puede corroborar porque así lo he expresado siempre no me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida a pesar de que muchos se empeñen en decirme y recordarme hechos que, según su criterio,  fueron errores garrafales.

“Su criterio” son sus creencias no las mías. Yo creo que todo puede cambiar a nuestro alrededor si uno decide cambiar pero hay mucha gente, esa que ve errores donde yo veo aprendizaje, que vive en el inmovilismo por el simple hecho de no creer que todo es posible y que depende solo de nosotros y nuestra actitud.

Hay batallas que hemos sentido como pérdidas pero ¿realmente son pérdidas? ¿qué hemos perdido?

Te reto a que escribas en un papel esa batalla que te ha marcado con ese sentimiento de derrota y que hagas un pequeño esfuerzo dividiendo el papel en dos mitades para escribir en un lado lo que piensas que perdiste al dejar de luchar y lo que has ganado o ganarás (porque puede estar todavía por llegar) al retirarte de la contienda.  Estoy segura que habrá más cosas positivas que negativas, haz la prueba.

Y llegados a éste punto sólo os pido una cosa más y es que seáis auténticos, valientes, íntegros y mantengáis vuestros valores por encima de cualquier batalla ya que entre tanto sentimiento de batalla perdida por tantos que creemos que esta sociedad si merece la pena hay una guerra que si estamos ganando, la de las emociones que se contagian, la de la sonrisas, los abrazos y las miradas amables.

Por lo tanto SI que podemos cambiar las cosas y YO seguiré ganando y perdiendo batallas pero siendo yo misma.

Y ¿qué vas a hacer?