“Nunca grites tu felicidad muy alto. La envidia tiene un sueño liviano”

“Nunca grites tu felicidad muy alto. La envidia tiene un sueño liviano”

Esta es una frase leída recientemente en el muro de mi amigo Vicente Mené que sin duda parece haberse convertido en una estrategia para justamente eso, ser feliz. Y es que no hay mejor manera de empezar el día, para los que intentamos cada día que nuestra sonrisa no desaparezca, que compartiendo con otras personas todo lo feliz que nos hace poder volver a levantarte cada día, abrazar a los tuyos antes de sentarte a desayunar, prepararte con esa ropa con la que te ves estupenda e ir a trabajar con la actitud de #buenrollito grabada en todo tu ser y desprendiendo, como hace el buen perfume, un halo de energía positiva que impregna a todo aquel que siempre está receptivo a este saludable hábito.

Pocos días hace de una conversación en la que hablaba de las personas envidiosamente enfermas o enfermas de envidia que basan su vida en la crítica destructiva hacía personas que tienen “una vida felizmente construida” y alguien me preguntó si realmente, yo que siempre estoy diciendo que soy feliz, siento lo que expreso tan efusivamente en ocasiones y conociendo, como muchos de vosotros, algunas de las situaciones personales en las que he estado inmersa y otras en las que todavía buceo y puedo afirmaros con total rotundidad y así lo comenté en esa mesa que YO SOY UNA PERSONA TREMENDAMENTE FELIZ y que no es ninguna contradicción ni es ninguna mentira.

Tan ciertas mis palabras como que hay personas totalmente enganchadas a las emociones negativas y que necesitan, para continuar su día a día, alimentarse de las penas de los demás. Este tipo de personas viven para escuchar lamentos, recrearlos en nuevos escenarios y hacerse eco de ellos. Estas personas son incapaces de ver el lado positivo en ninguna situación e incapaces por tanto de animar o sacar a estas personas, “plañideras por devoción”, de su pequeño mundo de lágrimas. Estas personas no ayudan, no aportan e incluso, cual simbiosis huésped-parásito, atrapan a sus víctimas y envolviéndose en un círculo vicioso, inconsciente en ocasiones para el huésped pero tan dañino para ambas, que puede incluso producir una grave enfermedad.

Hay personas que piensan que el mundo gira alrededor de ellas siendo incapaces de ver más allá de lo que ellas llaman sus problemas. Estas personas necesitan una inyección de realidad positiva y olvidar ésta palabra.

Conozco también a quien dice que todos tenemos cosas buenas y cosas malas o que nadie es tan malo como lo pintan ni tan bueno como parece.

Pues bien, yo conozco a personas con el corazón tan negro que corrompen todo lo que tocan, envenenan su entorno y como la mala hierba extiende con un potencial supremo sus malas praxis amparados en el poder que ejercen sobre las almas débiles.

También y por suerte conozco a personas, muchas más en éste caso y por suerte para mi, con un alma tan pura y un corazón tan limpio que el simple hecho de regalarte una sonrisa te recarga positivamente para todo el día.

Su voz, su expresión corporal, sus actos…, ellos por si mismos son de una belleza tal que iluminan cada estancia en la que se encuentren y sin darse ni cuenta conceden la gracia de paz a quienes entran en su círculo.

Esto es lo positivo. De esto quiero hablar. Con esto me siento bien y no quiero escuchar más quejas de nadie POR FAVOR.

Y desde lo más intimo de mi ser y habiendo descubierto tras varios meses de reflexión que la mejor manera de #vivir es siendo uno mismo yo os digo que una palabra amable, una frase educada, un “por favor”, un “gracias”, un todo tiene solución, un no pasa nada, un yo te ayudo, un yo me encargo…tiene MAGIA. La magia de una educación que parecemos estar olvidando y que sin duda nos hizo mejores personas en otros tiempos. Y no me vale que digáis que la vida os hizo como sois ahora porque si yo os contará lo que me ha tocado vivir os puedo garantizar que recibiría muchas llamadas tipo “madre mía, nunca me dijiste nada ¿cómo has podido soportarlo?” y no por eso me he negado el ser FELIZ y hacer feliz a los demás.

Voy cada día con mi mejor sonrisa, mi mejor vestido y mis mejores tacones y mi cuerpo, quien me conoce lo sabe, va diciendo a cada paso firme: “Aquí estoy yo, soy feliz y me siento enormemente afortunada de ser quien soy y de estar donde estoy”

Acabo ya, no quiero aburriros con esto que tantas veces habéis leído ya de manos de otros con mejores argumentos y mejor redacción, y quiero simplemente que recuerdes que siempre se aprende gracias al ejemplo que alguien algún día te mostró y que si tú quieres estos mensajes calarán en nuestros micro entornos, traspasará nuestros entornos y se extenderá cual semilla de cualquier flor para seguir colonizando campos que ahora vemos baldíos transformándolos en coloridas praderas de diversidad viviendo en armonía con sus vecinos de al lado.

Si tú quieres tú puedes ser ese #cambio, tú propio #cambio y también el de los demás.